REPRESAS, EVALUACIONES DE IMPACTO AMBIENTAL Y CERTEZAS
En esta primera nota sobre la problemática de las represas, y sin abrir un juicio de valor a priori sobre estos emprendimientos descomunales, aunque tenga mi opinión formada y fundamentada, quiero simplemente poner sobre la mesa para la consideración de todos, el tema de la validez o no de la capacidad predictora de las Evaluaciones de Impacto Ambiental Previas (EIA)
Las Provincias de Misiones y Corrientes están atravesando un proceso de debate y discusión, que alcanza a todos los sectores sociales, productivos y políticos, en relación a la instalación o construcción en la zona de la represa de Garabí y otras obras complementarias, que sin duda provocarán un impacto de magnitud, independientemente de su calificación en positivos o negativos, en toda la región.
Muchos de los apoyan, repudian o que abrigan algún tipo de dudas sobre las consecuencias y efectos de estos emprendimientos, supeditan la licencia social o la conformidad para estas megaobras a las Evaluaciones de Impacto Ambiental Previas (EIA) que se realicen sobre las mismas.
Presuponen de buena fe, que la rigurosidad científica de esas evaluaciones despejarán todos los interrogantes y cuestionamientos sobre posibles efectos dañinos, derivados de la instalación de la represa, en el ambiente natural y social.
En tal sentido habría que interrogarse, si la esperanza en la EIA es justificada o no, pero no en términos de sentimientos, sino en sus alcances efectivos para la prevención de impactos de magnitud que pudieran afectar al conjunto de las comunidades.
Esta pregunta nos lleva a adentrarnos a un terreno pantanoso y de no fácil respuesta, ya que ni siquiera la ciencia se ha podido poner en acuerdos unánimes al respecto.
Una primera aproximación al tema, podría hacernos creer que su rigurosidad y predicciones son absolutas. Pero a medida que hacemos un análisis comparativo de ejemplos en todo el mundo, en la mayoría de los casos vemos que tales investigaciones por lo general arriban a conclusiones que son meras hipótesis, plagadas de generalizaciones, en las que el azar juega un papel preponderante, tornando al estudio de dudosa eficacia.
A los fines de alertar, poner una nota de cuidado y no dejarme llevar por mis propias visiones, traeré a colación sobre el tema, la opinión de dos catedráticos de renombre internacional, los que en su momento fueron los precursores e iniciadores de estas evaluaciones.
Como advertencia quiero indicar que la confiabilidad de un estudio de impacto ambiental está en razón inversa a la complejidad del sistema analizado.
De lo que surge, que cuando mayor y más complejo es el ecosistema que soportará una acción humana, mayor resultará el grado de imponderabilidad de los elementos y factores que lo integran e interactúan, por lo que las predicciones se tornan totalmente inciertas.
En el caso que nos ocupa estamos hablando de una obra de cierta magnitud, lo que lleva a aumentar los riesgos y la posibilidad cierta de evitar consecuencias irreparables.
Situación que se complica con los casos en que no se tiene definido con claridad quienes son los responsables de estas evaluaciones, máxime cuando suele darse el caso que los mismos proponentes del proyecto reclaman la exclusividad en la realización de los estudios de impacto ambiental.
Por ello no dejo de insistir en destacar que la validez de estos modelos, no gozan de mucha credibilidad en una parte de la bibliografía específica sobre el tema, aunque se machaque mucho en la necesidad de su realización.
Por qué existe esa desconfianza? Por cuanto la naturaleza es muy poco predecible, sobre todo en la actualidad a la luz del cambio climático y por que además en ella entran factores aleatorios que dificultan los análisis.
Numerosos autores y estudiosos de la problemática, manifiestan que los ecosistemas, en muchos casos se rigen o son afectados por fenómenos o hechos fortuitos, entre los que se puede citar como los más importantes, las variaciones impredecibles del tiempo o alteraciones repentinas de la meteorología, que llevan a que sea poco razonable establecer pautas de altas posibilidad predictora.
Quizás no todo conozcan la trayectoria del Dr. Ramón Margalef, fallecido hace pocos años, el que en su momento fuera uno de los evaluadores de los estudios previos de la Represa del Paraná Medio y generador de todo una escuela sobre la temática, el que en torno a estas cuestiones expresara: “En mi opinión la importancia que se da a evaluaciones o anticipaciones de impacto ambiental es excesiva. El examen a posteriori de muchas de ellas muestra que lo que se predijo apenas tenía interés y que lo que realmente importa difícilmente se anticipa. Por lo demás dichas evaluaciones del impacto ambiental de las grandes obras se suelen archivar una vez cumplida su misión de aquietar algunas conciencias o cumplir con un formalismo de rutina.”
“Se pueden introducir coeficientes de seguridad importantes en la construcción de un puente o de un edificio; pero, por lo que sabemos, el funcionamiento de los ecosistemas no admiten coeficientes de seguridad tan grandes.”
“Todos estos comentarios intentan poner de relieve que, las más de las veces, los estudios ecológicos se hacen solamente para cubrir un expediente, hacen algo de propaganda y formulan algunas propuestas cosméticas y, como poca contribución positiva, piden cuidado y vigilancia”.
No quiero con esto aparecer como oscurantista que niega el valor de estos análisis, solamente resalto algunas reservas sobre su total precisión y capacidad anticipatoria, los que no obstante sientan pautas de orientación de los estudios.
Entiendo que estas cuestiones, sobre todo cuando lo que está en juego es el futuro común, exigen y merecen una reflexión muy profunda, que haga de la prudencia una constante en la evaluación de los grandes emprendimientos, sobre todo en momento que este tipo de obras está más que sospechada de generar grandes descalabros e impactos negativos persistentes en el tiempo.
No es casual que muchos autores hayan calificado a las grandes represas como verdaderas bombas biológicas, con toda la carga que ello encierra.
Por su parte Aldo Leopold, quien es considerado el padre de la ecología aplicada ha manifestado: “El hombre mecanizado ha rehecho el paisaje, y está remodelando ahora las aguas. El ciudadano prudente, que nunca confiaría su reloj o su automóvil a un aficionado chapucero, somete libremente sus lagos a drenajes, rellenos, dragados, contaminaciones, estabilizaciones….y además, la introducción en ellos de cualquier pez capaz de nadar. Y lo mismo ocurre con los ríos. Los forzamos entre terraplenes y diques, y luego los dejamos correr con dragados, canalizaciones y cieno de un cultivo inapropiado.”
“La buena disposición del público en cuanto a aceptar y pagar por estas intromisiones contradictorias con el orden natural proviene, creo yo, de cuando menos tres falacias del pensamiento. Primero, cada una de esas intervenciones se considera como un proyecto separado, porque es llevado a cabo por una oficina o profesión separadas, y como ejecutado pericialmente, porque los que la proponen son gente preparada y especializada en sus respectivos campos limitados. El público no sabe que las oficinas y las profesiones pueden anularse en ocasiones una a otra, y que la pericia puede anular la comprensión. En segundo lugar, se supone que cualquier mecanismo construido es superior al mecanismo natural. En tercer lugar, solo percibimos el comportamiento orgánico en aquellos organismos que hemos creado nosotros mismos. Sabemos que los gobiernos y los motores son organismos, y que modificar alguno de ellos puede afectar al conjunto. Pero no sabemos, en cambio, que esto es así también por lo que se refiere a los suelos y al agua.”
“Así, pues, la gente, demasiado prudente para permitir un remiendo precipitado de nuestra constitución política, acepta, sin embargo, sin chistar la enmienda más radical de nuestra constitución biótica.”
Como lo he expresado al comienzo, quería nada más abrir un espacio de reflexión sobre el tema, sin valoración previa, ni muchos menos he querido introducir sospechas sobre los resultados de estos estudios, cuando los mismos son efectuados por las mismas empresas proponentes del proyecto.
Ricardo Luis Mascheroni
Docente e Investigador UNL
Gracias Ricardo!
Un Abrazo
Walter Darío.