jueves, 21 de enero de 2010

CHIQUITO DALMAU: "MENOS MAL QUE NO ES, NI SERÁ GENIA".‏

ROSAS, CRISTINA Y EL PODER SUBCONSCIENTE

COMO FUNCIONA EL SUBCONSCIENTE

Cualquier idea, meta o plan dominante mantenido en la mente consciente mediante un esfuerzo repetido y emocionalizado por un deseo ardiente de realización es incorporado por el subconsciente y ejecutado a través de cualquier medio natural y lógico disponible.

Su actitud mental es la única cosa sobre la que usted tiene un total y absoluto derecho de control en cada instante de su vida. Usted debe aprender a ejercitar ese derecho como cuestión de hábito.

La mente consciente es el sitio donde tienen lugar el razonamiento y el pensamiento. Esta analiza información y datos, y actúa como guardián de la puerta hacia el subconsciente.

La mente consciente se desarrolla como resultado de la experiencia, mientras que la mente subconsciente no piensa, no razona, no delibera. Actúa por instinto en respuesta a emociones básicas.

La mente subconsciente la podemos comparar con un carro, mientras que la mente consciente se puede considerar como el conductor. La potencia está en el carro, no en conductor. El conductor debe aprender a liberar y dirigir esa potencia.

Quien lea esto se preguntará: ¿Cual es el hilo conductor. Que pueda unir a seres tan disímiles como Juan Manuel de Rosas y la Sra., Presidente, y que papel juega el subconsciente?.

Esta pregunta amerita recordar una anécdota del Restaurador de las leyes derrotado en Caseros, por el “Ejército Grande”, integrado por Brasileños ,Uruguayos, y Unitarios , pertrechados por los ingleses;

Estaba Don Juan Manuel, haciéndose cortar su barba en el lugar destinado para ello en su estancia, cuando casi al terminar su trabajo del “Barbero”, le dice; palabras más palabras menos:

“Mire como son las cosas Restaurador, Ud., que tiene tanto poder, cuando se hace afeitar como ahora lo estoy haciendo está indefenso, ya que si yo me lo propusiera, con el sólo hecho de apretar la navaja en su cuello lo podría matar.”

Don Juan Manuel no dijo nada, dejó que termine de afeitarlo que lo acaricie con la toallas tibias y perfumadas, que le seque el rostro, y luego de mirarse al espejo y ver que estaba muy bien afeitado, le ordenó a sus custodios que maten al barbero, cuando este, incrédulo por lo que había escuchado se arrodilla y llorando le pregunta por que, si el siempre fue fiel; Rosas le dijo que si lo pensaste alguna vez lo podrías hacer, por que esa idea ya se te grabó en el Subconsciente .

Esa situación de habrá dado allá por 1840 y pico, es decir por lo menos hacen ya 170 años.

Ayer alguien que tiene el mismo poder que el que tenía Rosas en aquellos años de los mazorqueros y los Salvajes Unitarios, en un discurso de alto voltaje académico, en la Biblioteca Nacional ; Que como diría un amigo brasileño, “ No es pau de virar canchica”, o sea no es palo de revolver la mazamorra, con la fluidez comunicativa que nadie le puede negar a “ Nuestra Señora Presidente”, mientras abordaba un tema que nada tenía que ver con su conflicto con su Vice Presidente, buscó la forma de involucrarlo diciendo ;

“Argentina debería escribir una historia común, lo que no significa ver igual las cosas pero sí identificar intereses comunes".

Desde el público alguien ( En toda hacienda baguala, siempre existe un Buey Corneta. le gritó "¡genia!".

Ella atinó a sonreír y dijo: "¡Yo qué voy a ser genia, ojala!;

“ Si fuera una genia haría desaparecer a algunos como hacen los genios",

Un psiquiatra por allí, clamaría don Raúl Alfonsín.

Ante semejante manifestación del Subconsciente Presidencial, que podemos esperar, o bien que podemos hacer, por que evidentemente como no sabemos si se nos incluye, o no en su lista de potenciales desaparecidos si se produce el milagro que la convierta en Genia viviremos temerosos, y rezando para que la distinguida dama que nos gobierna no se transforme en tal.

Aunque pensándolo bien me parece que no hay que preocuparse.

Por ese lado creo que no pasamos ningún peligro.

Por que a mi criterio esa metamorfosis, ocurriría después de que los asnos aprendan computación.

Héctor H. Dalmau.

D.N.I.Nº 7.544.834.

Maestro Normal Nacional


miércoles, 13 de enero de 2010

OPINION: PEPE ELIASCHEV

Foquismo al poder

Cuando se trata de interpretar el subtexto de lo que viene sucediendo -sobre todo en términos de civilización y convivencia- en materia política- uno no puede menos que advertir que los resultados que se consiguieron la semana pasada en la Cámara de Diputados para la elección de las nuevas autoridades, más allá de la poco atractiva aritmética partidaria, indican un curso de acontecimientos que consolida rasgos ominosos y poco estimulantes para el corto y mediano plazo de la Argentina.

Hablo de la dificultad enorme que sigue viviendo la Argentina para poder admitir con naturalidad en la vida cotidiana una cultura del diálogo, de la convivencia y de la búsqueda de comunes denominadores. Este último concepto, lo que llamamos comunes denominadores, es en esencia lo que rechaza y cuestiona en bloque el oficialismo que gobierna hace largos seis años y medio a la República Argentina.

La existencia de comunes denominadores no es otra cosa que la inteligencia práctica que presupone advertir que, en cierto tipo de situaciones, las diferentes fuerzas que protagonizan el debate político pueden acordar, reduciendo sus expectativas, cuestiones que permitan avanzar con mayor consenso. La noción de consenso no solamente es ajena al pensamiento del oficialismo, sino que éste la recusa, la cuestiona, la combate, como si fuera el epicentro de su enemigo principal.

No cree el oficialismo kirchnerista que la búsqueda de comunes denominadores sirva para gobernar un país. Antes bien, remedando -por ahora de manera pacífica- las enseñanzas del vanguardismo revolucionario de los años ’70, asumen la conducción del país con un criterio foquista. Consideran que, aún siendo minoría, un grupo que tiene la capacidad de actuar, la decisión suficiente, el liderazgo y la voluntad subjetiva, puede producir cambios al margen de que no tenga el consenso ciudadano.

Si bien es verdad que, hasta cierto, punto resulta inapropiado comparar las técnicas revolucionarias en épocas de confrontación violenta, con la gestión de un Estado de un país en épocas relativamente más pacíficas, también es cierto que el oficialismo no puede con su genio. El kirchnerismo no puede evitar que su derrotero político e ideológico esté atravesado por esa concepción foquista, según la cual la gente se equivoca, y esta “equivocación” no debe ser un obstáculo para que una conducción firme -un “foco” político e ideológico- conduzca los destinos del país, hasta que de alguna manera la mayoría tome conciencia, se “des-enajene”, y apoye lo actuado por la conducción.

El foquismo kirchnerista que acaba de ser circunstancialmente –y sólo circunstancialmente- derrotado en la Cámara de Diputados, viene de una derrota electoral notable el 28 de junio. Sin embargo, no actúa el Gobierno nacional con la conciencia de ser minoritario. Actúa con la convicción de que la retención de las palancas del poder, alcanza y sobra para seguir dirigiendo a la República como si estuviera siendo apoyado por la mayoría.

Tengo para mí que acá está la clave, el episodio estratégico central en torno de la cual tenemos que polemizar y organizar una nueva manera de vivir en la Argentina desde 2010.

El Gobierno tiene plena legalidad para seguir ejerciendo el cargo para el que recibió un mandato y, desde luego, tiene la legitimidad que le da la elección presidencial de 2007. Pero no puede presumir que la legitimidad de 2007 es irrevocable y eterna, en tanto y en cuanto persista el matrimonio presidencial en la convicción de que puede gobernar en contra de las decisiones, la voluntad o la resistencia de la abrumadora mayoría de la ciudadanía.

Por eso, me parece que más allá de la anécdota, y de la circunstancia pequeña de las decisiones en la Cámara de Diputados -toda vez que ya se han aprobado leyes que habrán de pesar gravemente sobre el destino del país en los próximos años-, la lección que dejan los acontecimientos es que la Argentina tendrá que discutir una nueva forma de autogobernarse, no sólo rescatando y recuperando un federalismo pulverizado por la acción del Poder Ejecutivo, sino fundamentalmente reestructurando la institucionalidad del país sobre la base de la búsqueda de denominadores comunes, algo en lo cual la oposición tendrá que hacer un aporte sustancial.

Lo que estamos viendo es, en definitiva, la rispidez, la fricción, el enfrentamiento entre dos maneras de concebir la cosa pública. La que esgrime el Gobierno no puede ser denominada de otra manera que la concepción de una minoría iluminada, convencida de que en algún punto las grandes masas habrán de darse cuenta. ¿Y si no se dan cuenta?

¡Gracias Pepe!

Entrega extraida de www.perfil.com "blogs"