“No hay camino para la Paz , la Paz es el camino” Gandhi
Según algunas pocas noticias, opacadas por los fastos de la euforia mundialista y contando con el silencio cómplice de los organismos internacionales y las grandes cadenas de medios de comunicación, naves de guerras norteamericanas e israelitas se dirigen hacia las costas de Irán.
Seguramente, de ser verdad esta información, ese despliegue de naves y de fuerzas no estén destinadas a la ayuda humanitaria de los pueblos sufrientes de oriente medio y mucho menos hacen presagiar buenos augurios.
Nuevamente los jinetes del Apocalipsis y los sospechosos de siempre, se relamen frente a la sangre y la muerte, como los predadores frente a sus víctimas, ante la anomia de una dirigencia mundial que teme irritar a las fieras y mira para otro lado.
Con solo detenernos a ver la historia reciente del belicismo homicida, parafraseando a Bertolt Brecht, podemos decir:
Primero desmembraron Yugoslavia
pero a mí no me importó
porque yo no era yugoslavo.
Enseguida arrasaron Afganistán
pero a mí no me importó
porque yo no era afgano.
Después invadieron Iraq,
pero como yo no soy iraquí,
tampoco me importó.
Luego fueron por Irán,
pero como yo no soy iraní,
tampoco me importó.
Ahora amenazan a todos,
pero ya es demasiado tarde.
Cualquier excusa o mentira desembozada es válida para justificar el genocidio y la destrucción, ya sea la tenencia o fabricación de armas biológicas, nucleares o apañar el terrorismo fundamentalista internacional, aunque de hecho ninguna de esas imputaciones pueda ser probada.
Hasta cuando van a seguir con tanta impunidad, soberbia y desprecio por la vida.
Al revés de la máxima jurídica, los pueblos que no se someten a los dictados del imperio y encima cuentan con petróleo, son siempre culpables aunque se demuestre lo contrario.
Si algo de moral tiene o le queda a la Academia Sueca que entrega los mentados premios Nobel, a personas que hayan hecho contribuciones notables a la sociedad, tendría que exigirle a Obama, la devolución del galardón.
Aunque quizás, crean que la guerra es un hecho destacable para la humanidad.
Imposible pedirle a la devaluada Naciones Unidas, algún gesto de seriedad y autoridad para intentar frenar la locura de unos pocos.
Menos demandarle que cumpla con los fines que se tuvieron en miras para su creación, cual era la solución pacífica de las diferencias y conflictos entre los Estados miembros.
Ante la calma futbolera, que precede a la tormenta de fuego, los pueblos del mundo deben levantar sus voces de reclamo por la Paz y condena a los traficantes de la muerte.
Por último, respetuosamente pido, que como repudio a compartir el Nobel con quien no lo merece, Adolfo Pérez Esquivel y Estela de Carlotto, renuncien, en un caso a la distinción y en el otro decline la postulación, para que ese gesto de dignidad, desmienta que: Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos…, que canta el tango Cambalache.
Ricardo Luis Mascheroni.
Gracias Ricardo!
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