Desde que el mundo es tal, a cada cosa, a cada objeto e incluso a cada ser viviente, se le ha dado un nombre, y es a través de ese nombre que puede llegar a inferirse la utilidad de tal cosa o la función de tal ser. Así, entre múltiples cosas, el pan es pan y el vino es vino, y ambos han sido, y son, símbolos relacionados con la alimentación humana. De modo que el pan es pan y no arena, y el vino es vino y no roca líquida.
Desde que la humanidad pisa este planeta, ha tenido que recurrir a la reproducción sexual con el fin de perpetuarse a través de los tiempos. He allí, entonces, la utilidad y la razón de ser de los sexos que, como se sabe, en la raza humana, reciben los nombres de hombre y mujer, mujer y hombre; femenino: mujer; masculino: hombre. Al decir del Génesis: "varón y hembra los creó" (Génesis 1.27).
Con el tiempo, la unión estable del hombre y la mujer surgido del amor y persiguiendo el plan de Dios de multiplicarse, fructificarse o reproducirse, recibe también un nombre: se la llamó familia.
Pero mientras esto ocurría, ciertas perversiones no dejaron de existir. Así, hubo quienes prefirieron unirse a personas de su mismo sexo: hombres con hombres y mujeres con mujeres, apartándose, por decisón personal y conciente, del plan Divino, y tergiversando su función original y primigenia, ya que la reproducción entre parejas del mismo sexo es imposible.
Sin embargo, quienes se han inclinado hacia la práctica de la homosexualidad, siempre han conformado una minoría dentro de la evolución de las sociedades humanas. Por ejemplo, en la Argentina, donde el debate ha sido hábilmente instalado por Néstor Carlos Kirchner, cabe preguntarse: la comunidad homosexual, ¿representa un caudal importante de votos, quizá?
Ahora bien, y retomando la idea del debate hábilmente instalado por el tirano de Olivos, queda en claro que la introducción de este tema dentro del debate social, persigue un único fin: atacar a la Iglesia Católica en general y al cardenal Jorge Bergoglio en particular, quien ha sido uno de los más acérrimos críticos de esta gestión y, como es sabido, las críticas no son bienvenidas en el entorno del matrimonio presidencial, cuya perverso cerebro elucubrador ha encontrado otra veta en su inagotable capacidad de daño: dividir a la sociedad con la instalación de un debate que hoy por hoy no es prioritario, ya que existen varios asuntos urgentes que quedan ocultos tras esta cortina de humo, como ser el vaciamiento de las arcas del Estado que, por ejemplo, dejan a los futuros jubilados en una situación por demás incierta.
El país está detenido, apagó sus motores muy lejos de la vías del tren de la historia. Despertemos ahora, para no terminar como la esposa de Lot, que por mirar hacia atrás para ver la destrucción de Sodoma, se convirtió en estatua de sal.
El Ojo Crítico
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