JUSTICIA A MEDIAS ES IGUAL A VERDAD A MEDIAS
A nadie sorprende, hoy por hoy, que el funcionamiento del Poder Judicial en la Argentina está muy lejos de ser, al menos, básicamente eficiente.
Pensar en una justicia que además de eficiencia, tenga equilibrio y sobriedad y seriedad en sus fallos, es como pedirle peras al olmo.
Lo que ocurrió hace tan sólo unas horas con el juicio al padre Grassi, es una muestra elocuente de que en la justicia ( tal vez haya que llamarla por lo que es: la injusticia), las cosas van de mal en peor.
Y estamos hablando no solamente de uno de los poderes fundamentales del estado, sino, y sobre todo, de un servicio fundamental que debe prestar éste a sus ciudadanos.
Porque secede que, de pronto, cualquiera de nosotros puede necesitar ese servicio, y no precisamente por haber cometido un delito, sino, en muchos casos, por haber sido víctimas de él.
La pregunta es: ¿qué ha pasado con el largo brazo de la justicia, y por ende, de la ley, en este pais llamado Argentina? (me resisto a anteponerle al nombre del pais la palabra república, porque en las actuales circunstancias, este país está muy lejos de ser una república).
No se si el padre Grassi es culpable o inocente, pero si estoy seguro de una cosa, como muchos millones de argentinos: una justicia a medias es una verdad a medias, y una verdad a medias es ni más ni menos que una mentira.
Cierto juez, cuyo nombre no reproduciré, quien hace unos días acaba de dictar un fallo mediante el cual libra de culpa y cargo por enriquecimiento ilícito a uno de los principales ministros del Poder Ejecutivo Nacional( Julio De Vido), logró ascender a su actual puesto pese a haber reprobado el exámen de admisión para jueces, ya que obtuvo como calificción un ¡uno!
Confucio afirmaba: "ante la duda, mantén en suspenso la sentencia"...¿cuál será la sentencia para un poder judicial lleno de dudas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario