miércoles, 29 de julio de 2009
EL VIAJERO: LOS PROFESIONALES DE LA POLITIQUERÍA
El diccionario de la Real Academia define de la siguiente manera al término politiquear: "Intervenir en política y bastardear los fines de ésta o envilecer sus modos", de lo que deriva el término politiquería: "Intervención en política con propósitos turbios." Lloyd Jorge Wickström, ex Fiscal de Estado de la provincia de Misiones, publicó hace ya casi dos años, un libro titulado "El Renovado Imperio de la Corrupción", en cuyo prólogo puede leerse lo siguiente: "Rovira entró en el disfrute del poder rodeado de pompa y adulaciones, y sale convertido en un ejemplo nacional de degradación moral y política. Hoy su nombre es un símbolo nacional de lo que no debe ser ni hacer un gobernante...En el juicio de la historia, es un mal ejemplo."
Para quienes conocen las "virtudes" del "señor feudal misionero", estas palabras no dejan de ser exactas y precisas a la hora de definirlo, y cualquiera pensaría que quien las escribió sabía muy bien a quién se refería. De hecho, quien prologó el libro de Wickström fue nada más y nada menos que Jorge Lisandro Galeano, el mismo que en su momento presentó en los juzgados de Misiones innumerables denuncias contra Carlos Eduardo Rovira.
Pero como politiquear es "intervenir en política y bastardear los fines de ésta o envilecer sus modos," pues debía ocurrir que a escasos días después de que el libro del ex Fiscal de Estado fuera presentado en sociedad, quien lo había prologado hizo posible que el ex gobernador Rovira accediera al cargo de Presidente de la Cámara de Representantes, tal vez por un poco más de 5 millones de razones de peso.
Esta es solo una historia, de las muchas que involucran a los profesionales de la politiquería, los cuales se han habituado a la supervivencia en el mundo de la mentira, la desfachatez y la obsecuencia con tal de permanecer cerca del poder, allí, justo allí donde se reparte la torta y muchos de ellos saben que tienen quizá la única oportunidad de ser ricos a la misionera.
Sin embargo, y como habitualmente ocurre con las historias tristes, los únicos que terminan llorando son los espectadores, entre los cuales hay muchos, varios miles, que hace poco más de un mes, aplaudieron a rabiar las actuaciones de sus actores preferidos: los profesionales de la politiquería.
EL VIAJERO
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Walter Darío Bravo
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